"El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer" . Mariano José de Larra
¿Puede una guerra ser romántica? ¿Se puede explicar el
romanticismo con unas litografías de La Crónica de la guerra de África? Si eres
de los o las que piensan que no, déjanos contarte esta historia. Dos viejos y
sucios marcos llegan a nuestro poder. Dentro de ellos lo que parecen ser dos dibujos
aparentemente sin mayor importancia, agujereados por la acción de las termitas
o algún roedor, amarillentos por los efectos de la humedad, en definitiva… niño, tira eso y lávate bien las manos.
Pero, oye, hemos venido a jugar que diría
aquel y lo limpias, le retiras el cristal y entonces sacas, tachán, dos litografías del siglo XIX. Empiezas a bucear por internet y te topas de bruces
con el mismísimo Museo del Romanticismo de Madrid. Love is in the air. Vía mail
nos ponemos en contacto con el museo y tras facilitarles fotografías de las
litografía nos dicen que: “las
litografías que nos muestran en la fotografía parecen originales,
correspondientes a la publicación Crónica de la guerra de África”
publicación escrita entre otros autores por el más tarde presidente de la Primera
República Emilio Castelar en 1859. Minipunto
para el romanticismo.
Pero aquí hemos venido a hablar de nuestro libro y nos
gustaría seguir contándote esta historia. La guerra de África fue un conflicto
bélico entre España y Marruecos que se prolongó durante cuatro meses entre
finales de 1859 y principios de 1860. Como tantas otras guerras, los motivos
oficiales de la guerra, parar las continuas incursiones moras en Ceuta, no tuvieron nada que ver con los reales. Se
dice de esta guerra que fue la última guerra romántica en la que participó
España, una especie de último intento de mantener vivo el patriotismo, de
acallar ruidos de sable y de contentar a los sectores más radicales del
catolicismo patrio en esta cruzada contra el islam. Es también una de las
primeras contiendas donde aparecen los primeros reporteros de guerras y dónde
los periódicos descubren el tirón que, entre sus lectores, tienen estas
crónicas bélicas. Las crónicas tienen un importante punto romántico, sentimental,
se busca implicar al lector no sólo en la crónica sino también en el conflicto.
De algún modo toda recreación cultural o artística que se hace en esos momentos
es propaganda de estado, estas láminas no son una excepción, por inocentes que
puedan parecer.
El romanticismo, en sus orígenes, tiene poco que ver con la
idea que tenemos hoy de él. En sus
orígenes es un movimiento cultural, de los sentimientos frente a la razón, pero
también es un movimiento político muy ligado al concepto de nación. Minipunto y punto para el romanticismo.
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